El precioso logo de la cabecera lo hizo Chicho, mi hermano pequeño, desde los Estados Unidos, y me lo envió. En este sitio se pueden ver varios álbumes de creaciones suyas. A mí me encantan. Este es el sitio oficial The Art of Chicho Lorenzo: más dedicado a cuadros.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Cuando Cortázar perdió un cronopio. Lecturas veraniegas (II)


Iba a escribir sobre el libro estupendo que ha editado Libros del Zorro Rojo: El discurso del oso. El texto es un delicioso cuento para dos niños de Julio Cortázar que, hasta que los del Zorro Rojo lo rescataron, se fue a vivir a Historias de cronopios y de famas; las ilustraciones son una preciosidad que nos hacen caer en los caños de la casa y recorrerlos junto a su habitante por culpa de la sensible y hábil interpretación de Emilio Urberuaga, con sus guiños incluidos.

Iba a escribir sobre él, pero me topé con esta reseña de Villar Arellano en La tormenta en un vaso y creo que es mejor que lean lo que él escribe porque es lo que me hubiese gustado contar a mí.

Vayan, vayan a leer su reseña. Sobre todo, no dejen pasar la oportunidad de hacerse con el libro, aunque no haya niños a la vista; invéntense un vecino o un sobrino tercero si necesitan una excusa; ya lo agradecerán, ya.

Cuando Cortázar perdió un cronopio. Lecturas veraniegas (II)SocialTwist Tell-a-Friend

viernes, 29 de agosto de 2008

El difunto Matías Pascal (Lecturas veraniegas I)


Estamos en el paraíso mi familia y yo, entre montañas altas culminadas en picos que tienen todos los verdes posibles, en un valle por donde varios ríos se tuercen y se encuentran y se separan y vuelven a cruzarse o se hacen uno solo.

Tengo un libro en mis manos, así que mi hija mayor se acerca, ávida, y se agacha para poder ver de cuál se trata: «Luigi Pirandello, El difunto Matías Pascal, Traducción de Julio García, Nórdica Libros», puede leer en la cubierta. Me mira como preguntándome. Yo espero a que se siente y, en voz alta, leo:

I PRIMERA PREMISA
Una de las pocas cosas, es más, tal vez la única que yo sabía con certeza era esta: que me llamaba Matías Pascal. Y me aprovechaba de ello. De vez en cuando, alguno de mis amigos o conocidos demostraba haber perdido el juicio hasta el punto de venir a verme para pedirme algún consejo o sugerencia; yo me encogía de hombros, entornaba los ojos y respondía:

—Yo me llamo Matías Pascal.

—Gracias, amigo mío. Ya lo sabía.

—¿Y te parece poco?
Realmente tampoco a mí me parecía mucho, pero entonces ignoraba qué quería decir no saber ni siquiera esto, es decir, no poder contestar cuando hacía falta.
—Yo me llamo Matías Pascal. (p. 9)

Paro un poco y nos miramos; veo que le brillan los ojos y ya sé lo que vendrá a continuación: «¿Me lo dejas cuando lo termines?» «Pues claro», le digo, «¿Quieres oír un trozo más con el mismo humor?» Y se queda atenta y callada. Y yo le leo la «SEGUNDA PREMISA (FILOSÓFICA) A MODO DE JUSTIFICACIÓN» (pp. 13-17). Las dos nos hemos reído y hemos disfrutado y días después, cuando Marta me pregunta qué tal estaba el libro, y por qué apostillaba filosófica, le digo que realmente en ese diálogo estupendo entre Pellegrinotto y Matías Pascal, en la unión absurda de dos libros tan dispares como el tratado licencioso y la biografía del beato, en eso casi se resume la filosofía del libro: el absurdo, el hombre, la vida, la narración de todo ello; sí, muy importante, la narración, el arte, el arte dando la palabra al absurdo de la vida. No en vano a partir de las reediciones tras la publicación de un artículo de Pirandello en 1921, este se incorporó al libro, al final: «Advertencia sobre los escrúpulos de la fantasía» (pp. 319-328).

Todos conocemos las consecuencias de las innovaciones de Pirandello en la literatura, todos sabemos que la introspección psicológica en los personajes cambia la narración costumbrista y la dota de alas para ir más allá, para ir dentro del hombre y relacionar los hechos con su conciencia, pero El difunto Matías Pascal es, aparte de un tratado de filosofía y de una poética, una reivindicación de que la carencia de leyes lógicas de la vida puede y debe expresarse en la literatura, de que la fantasía (o la ficción, diríamos ahora) se ve siempre superada por la realidad, con la consecuencia que para Pirandello tiene: no hay que hilar los hilos del tapiz del arte para que este sea equilibrado, sino caótico; todo lo admite. Aquí Nórdica ha tenido un gran acierto al introducir una ilustración al principio del libro: À la Mie [fragmento], Toulouse Lautrec (1891, Boston, Museum of Fine Arts). Esta ilustración hace algo parecido a lo que Pirandello hace con su artículo «Advertencia sobre los escrúpulos de la fantasía»: nos da la idea de que Tino Lenzi, el enano con el que el difunto Matías Pascal, convertido ya en Adriano Meis, está trabando amistad, no está tan lejos de la verdad como Adriano cree.

La historia en sí es la vida de Matías Pascal desde su nacimiento. Tras la muerte del padre, que deja a la familia (a Matías, su hermano y su madre) en manos del administrador, Malagna, la falta de escrúpulos de este y la poca preocupación de los tres herederos, pasan de ser los ricos a verse despojados de casi todo. Matías, además, se ve abocado a una boda impuesta por Malagna y pronto se encuentra viviendo en casa de su suegra, una bruja, con una mujer que le hace también la vida imposible. Consigue el trabajo de bibliotecario en una biblioteca a la que no entra nadie, la única del pueblo. Solo el nacimiento de sus hijas le dará algo de felicidad. La primera muere a los pocos días de nacer, toda la ternura se vuelve entonces a la que queda hasta que muere antes de haber cumplido un año, el mismo día en que muere la madre de Matías.

Esa noche un molinero le coge asomado a la presa de la Stía, una de las pocas posesiones aún de la familia, y consigue calmarle.

Quinientas liras enviadas por su hermano y un viaje a Montecarlo, unas apuestas en el casino y Matías es rico sin saber ni cómo. En el tren de vuelta, lee un periódico y, de pronto, ve la noticia de su suicidio. Sin saber muy bien qué hacer, baja del tren: en ese momento cambia su vida. Aunque de primeras pensaba poner un telegrama, por fin decide dejar muerto a Matías Pascal y empezar a vivir de cero: le cuesta encontrar su nuevo nombre, Adriano Meis.

Entonces comienza la libertad, la vida, o eso cree él.

Lo genial de El difunto Matías Pascal es el tono de humor que mantiene a lo largo de todo el libro, incluso en las partes más trágicas; como la vida misma, la tragedia clásica no tiene cabida (si el cielo de papel se rasga en la representación, Orestes pasa a ser Hamlet, nos dice un personaje, la tragedia clásica se vuelve tragedia moderna [pp. 185-186]). Nada es completamente puro, trágico o cómico: la tragicomedia de la vida, el absurdo de lo cotidiano, la fantasía de lo real... todo ello constituye una amalgama que ni la soledad de Adriano Meis, ni la corrección del ojo torcido van a poder evitar.

Pirandello fue un genio, sí, y además nos dejó un divertido trágico sentimiento de la vida y el arte. No se lo pierdan.

El difunto Matías Pascal (Lecturas veraniegas I)SocialTwist Tell-a-Friend

viernes, 18 de julio de 2008

Cuando Faulkner escribió para una niña: El árbol de los deseos


Tengo, tenemos, supongo, la suerte de que nos gusten los libros de eso que se sigla LIJ (Literatura Infantil y Juvenil), que generalmente suele ser, como bien dice Darabuc muchas veces, más LI (Literatura Infantil) que LIJ, así que aunque mis hijas crezcan, y no vean ustedes lo rápido que crecen los niños propios, seguimos yendo en la librería y en la biblioteca a los estantes de LIJ y no se crean que nos vamos directas ya a la sección N-J (Narrativa-Juvenil), no, podemos pasarnos un buen rato entre los álbumes de «primeros lectores», que según la biblioteca o la colección editorial pueden ser los que tienen solo dibujos y texturas o los que traen pequeñas frases para los niños que, efectivamente, leen un poquito —no mucho, que cansa reconocer en esas cagaditas de mosca la representación de un sonido, y más aún cuando este cambia según vaya de la mano con uno u otro compañero: casa, cielo...

Como mi librera nos conoce, nos hemos ido conociendo y por eso ahora sí, ya es mi librera, el otro día me dijo que tenía uno que seguro que nos iba a gustar, El árbol de los deseos, de William Faulkner. «¿Anda, quién lo ha editado?», le pregunté esperando en su respuesta una editorial pequeña, de las que ahora sigo con interés. «Alfaguara, si no me confundo», me dijo. En efecto, no se confundía. El grupo Santillana es el responsable de esta edición.

El traductor es José Luis López Muñoz y el ilustrador es Mikel Mardones. No he visto la versión de Lumen de 1988 con traducción de Andrés Bosch e ilustraciones de Don Bolognese, de la que tengo noticia gracias a L. D. y su Bienvenidos a la fiesta (busquen en el índice de autores a Faulkner), así que no puedo comparar, pero esta edición tiene unas ilustraciones entre clásicas y expresionistas que la verdad es que casan muy bien con la fantasía onírica que relata «Bill», que «hizo / este libro / para su querida amiga / Victoria / en su octavo cumpleaños.»

No deja de haber, entre los sueños, rastros de la América sureña de Faulkner, como la doncella negra Alice, cuidando de sus polluelos los niños blancos, y «la escoria blanca» que por muy blanca que sea, Alice no aprueba que vaya con ellos porque «Seguro que a tu madre no le gustaría si lo supiera» (y es que en el sur de Faulkner hay racismo y clasismo hasta en los sueños de un niño). Pero la magia, traída por un misterioso Maurice, a causa del cumpleaños de Dulcie, la protagonista, y de lo que «hizo exactamente la noche de antes»: «Y si la noche de antes... —la miró con sus extraños ojos de motas doradas—, te acuestas con el pie izquierdo por delante y le das la vuelta a la almohada antes de dormirte, puede suceder cualquier cosa», la magia lo invade todo; claro que la magia tiene también sus propias reglas.

De la traducción tampoco puedo decir más que se disfruta del libro, y que, su comienzo ya, el despertar de Dulcie, está soberbiamente narrado:

Estaba aún dormida, pero sentía que se alzaba del sueño exactamente como un globo: como si fuera un pez de colores en una pecera de sueño, alzándose más y más a través de las tibias aguas del adormecimiento hasta la superficie. Y entonces se despertaría. Pero una vez despierta no abrió enseguida los ojos, sino que se quedó muy quieta y calentita en la cama, y era como si aún hubiera otro globito en su interior, cada vez más grande y que también se alzaba y se alzaba. Muy pronto le llegaría a la boca, saldría fuera y volaría hasta darse con el techo. El globo que tenía dentro creció y creció, e hizo que todo el cuerpo y los brazos le cosquillearan, como si acabara de comerse un caramelo de menta. «¿Qué puede ser?», se preguntó con los ojos bien cerrados, tratando de recordar qué había pasado el día de antes.

Quien quiera ir a buscar el árbol de los deseos, que se apunte a esta excursión, y si se encuentra con un simple árbol melomax, según el viejecito que ha tallado un gulipus, que tenga cuidado con lo que desea, por mucho que la comitiva siga buscando, hoja de melomax en mano, el consabido árbol de los deseos.

Cuando Faulkner escribió para una niña: El árbol de los deseosSocialTwist Tell-a-Friend

viernes, 27 de junio de 2008

Nace Editorial Libro de Notas

Se habla del futuro del libro, de si el libro impreso, de si el e-book, de si los editores, de si los libreros, de si los distribuidores... y, mientras tanto, hay autores que se han percatado de que la edición en papel no es la meta, el final, el punto de llegada. Sí, es cierto, también se discute de ello en la red: para conseguir vender un libro en España, hay que mover dos, nos dicen en el VI Congreso de Editores de España, en un artículo aparecido en El País, «Malos tiempos para libreros y distribuidores», que recoge y comenta José Antonio Millán en La fuerza oculta del mundo del libro. La distribución, ah, ese gran aliado o esa ausencia que condena el libro al ostracismo. La librería, el librero, que, en la medida en que puede, decide mantener vivo al libro porque lo tiene en su fondo: «Nos hacen falta librerías de fondo; el libro no puede ser una mercancía que se repone cada quince o treinta días, pasados los cuales se convierte en espectro, en material desguazable, en blando cuello inocente para la guillotina. Los grandes perjudicados son, al cabo, los genuinos clientes.» (cita de Miguel García Posada, recogida en Con valor).

En Libro de Notas, el día 23 de este mes, echó a andar una iniciativa estupenda que intenta salvar estas deficiencias del mundo del libro —y otras, como el acceso a las obras, aquí bajo licencia Creative Commons; como el precio, ya que la descarga digital es gratuita o con donación voluntaria...— con la Editorial Libro de Notas, por ahora con tres libros en su colección Poesía LdN.

Bienvenido sea este proyecto; como dice Alber Vázquez, uno de los autores publicados, en su artículo «¿Por qué debo yo publicar mis poemarios en formato digital?»:

[...] Así que a mí ya no me cupo más duda. Me sigue pareciendo de cine el libro impreso de toda la vida. Pero me parece aún más de cine el libro digital. ¿Por qué? Porque está ahí, siempre a mano. Porque no cuesta nada y molesta bien poco. Y porque basta un poquito de suerte para ser mil veces más leído que de cualquier otra forma.

Y esa es la madre del cordero. La poesía, se pongan como se pongan algunos, es un formato que tolera bien el ecosistema digital. Mirad, yo no he sido capaz de leerme nunca una novela en la pantalla de un ordenador. De acuerdo, sí en una PDA y sí, seguramente, en cualquiera de esos dispositivos de tinta electrónica que están a punto de hacer su aparición.

Pero poemas en mi ordenador los he leído a manta. A miles, me atrevo a decir. Y me encanta hacerlo. ¿Sería mejor leerlos cómodamente tumbado en mi sofá? Pues sí, pero la cuestión no es esa. La cuestión es: ¿sería mejor leerlos en la pantalla de un ordenador (o en una impresión casera realizada con mi propia impresora) o no leerlos jamás de los jamases porque nunca habría tenido conocimiento de su existencia? Pues hala, que cada cual se responda a sí mismo.

Por eso estoy entusiasmado ante la aparición de esta nueva colección de libros de poemas en formato digital. Porque es exactamente lo que yo, como poeta, necesito: ¡que me lean, por Dios! Lo demás, todo lo demás, resulta irrelevante. De verdad.

Les dejo con Libro de Notas y con su presentación de la Editorial:

Libro de notas
lanza hoy la publicación de sus tres primeros libros. Se trata de un proyecto editorial que apuesta decididamente por la edición digital, aprovechando todas sus ventajas y conscientes de que es una aventura de futuro. Ayudándose de las herramientas y cualidades que para la creación, distribución y gestión ofrece internet, la editorial centra sus esfuerzos en ediciones que primen la lectura en pantalla, potenciando una maquetación y un diseño (obra de Óscar Villán) que exploten todas sus virtudes manteniendo una austeridad y sencillez que faciliten esa lectura. Y para la línea editorial nos avalan los más de ocho años que venimos trabajando en la selección y producción de textos de calidad.

También apostamos por el espíritu de la web 2.0: todos nuestros libros se publican con una licencia Creative Commons (Reconocimiento – No comercial – Sin obras derivadas) y se ofrecen para libre descarga, pidiendo que se apoye nuestra labor editorial y el trabajo de los autores —sólo en el caso de que haya gustado el libro— con una donación cuyo mínimo hemos fijado en un euro.

Para los que añoren la edición tradicional, pueden visitar nuestro sitio en Bubok, en donde encontrarán, en edición bajo demanda, los libros en papel de aquellos de nuestros autores que desean ofrecer esta alternativa.

Nos estrenamos con tres poemarios:

Los tres se inscriben en la colección Poesía LdN, cuya directora, María José Hernández Lloreda, nos presenta:

Está bien empezar la colección con tres de los mejores poetas actuales. Tres autores que comparten lo que para mí hace que algo sea de verdad poesía: el dominio del lenguaje, con tres registros muy diferentes. Francisco: la reflexión sobre el mundo; Marcos: el mundo como un observador de los pequeños detalles; Alber: el mundo desde el instinto.

Sabemos que no cualquier cosa está al alcance de cualquiera, ni como creador ni como espectador. Así que ésta es una colección “No para cualquiera”. De igual forma que el Everest no se escala sin más, para poder disfrutar de estos libros son necesarias dos cosas: ciertas cualidades personales y una preparación a conciencia. Por eso, como todo en la vida, esta colección está dirigida a aquellos lectores de poesía que, habituados a las grandes escaladas, puedan sentir que están de nuevo en la cima.

Pasen y lean. Gracias.

23 de junio de 2008

Que lleguen muchos más y que la editorial se abra un camino en este loco loco mundo del libro. Libro de Notas se lo merece.

Nace Editorial Libro de NotasSocialTwist Tell-a-Friend

martes, 10 de junio de 2008

Luis Miguel Díaz firma en Rivas


Luis Miguel Díaz publicó su primera novela, Numen Divino, en el año 2007 en la Editorial Alhulia. Ahora tendremos el placer de verlo y charlar con él en Rivas Vaciamadrid, el día 14 de junio, este mismo sábado, a partir de las 18 h, en la librería Espacio lector Nobel.

Esta librería ha sido una isla en mitad del desierto que se presentaba en esta zona, solo paliado por la librería La Cigüeña (en Covibar, Pza. de Rafael Alberti, n.º 9), otra librería maravillosa donde el matrimonio que la lleva realmente entiende de libros y aconsejan y te encargan lo que pides si no lo tienes.

Bueno, pues la librería Espacio lector Nobel tiene una librera, Sara Badía, que no es la dueña, pero que sí se encarga de bregar con los distribuidores y con nosotros los lectores y que es una maravillosa consejera y una enamorada de los libros y de la lectura (y una doctorada en Historia y Teoría del Arte, y especialista en Jean Laurent). Sara hace que uno se olvide de que está comprando en una franquicia de una gran cadena: el trato es el de una librería de las de siempre, exquisito, personal, con interés real por lo que el lector pide y lo que opina.

La librería tiene, además, espacio para tener libros y libros expuestos y al alcance de los chicos y de los no tan chicos, y paciencia para que los que gustamos de perdernos entre las páginas y mirar y volver a mirar lo hagamos tranquilamente.

Con iniciativas como la firma y presentación de libros y encuentros de autores con los lectores (ya ha habido alguna otra), seguro que esta librería se confirmará como uno de los centros de animación a la lectura por parte de la iniciativa privada.

Yo estaré allí el 14 de junio a ver si Luis Miguel me firma de nuevo mi libro. Ah, y viene un poeta y rapsoda, Daniel Ángel Sánchez, para hacernos disfrutar aún más.

Luis Miguel Díaz firma en RivasSocialTwist Tell-a-Friend

miércoles, 4 de junio de 2008

Contexto de editores

tarjeta presentación Contexto
Ayer tuve el placer de asistir a la presentación en sociedad de la asociación editorial Contexto —en la estupenda librería café La buena Vida; qué quieren, uno de mis sueños es montar una librería café cuando sea mayor—, en la que se han unido las estupendas editoriales Libros del Asteroide, Barataria, Global Rhythm, Impedimenta, Nórdica, Periférica y Sexto Piso (en este orden, cuasi alfabético, aparecen en su primera publicación). Allí estaban Luis Solano, Carola Moreno, Julián Viñuales, Enrique Redel, Diego Moreno, Julián Rodríguez y Santiago Tobón: editores de las respectivas editoriales, editoriales que se ubican en Barcelona, Madrid, Sevilla y Cáceres.

Los dos primeros resultados de esta unión más a la vista son la caseta n.º 161 en la Feria del Libro de Madrid, donde se han unido para vender y presentar sus libros, y la publicación de la revista Contexto: Nuevos editores para nuevos tiempos, cuyo n.º 1 está disponible ya en la misma Feria —allí se repartirán 6 000 ejemplares, de los 40 000 que han editado—. La revista la editan en consenso: por ahora son dieciséis páginas, en las que, en una podemos encontrar las novedades de una editorial y en la otra, un artículo, entrevista o antología que se relaciona con la editorial en cuestión, ya sea porque esté en proyecto un libro de este autor o sobre este autor(p. 14, el artículo de Vila-Matas, porque Sexto Piso publicará un libro suyo en breve), o se acabe de editar (p. 6, fragmentos de la entrevista a Dylan, por su libro Dylan sobre Dylan. 31 entrevistas memorables; p. 8, fragmento de Así habló Lem, por El hospital de la transfiguración, Stanislaw Lem), etc. La publicación del contenido de esta página de añadido cultural parece que se decide en consenso entre todos los editores que eligen entre las varias propuestas del editor.

¿Y por qué quieren publicar una revista los editores destinada al público? La revista tiene una tirada de 40 000 ejemplares, de los que 30 000 se distribuirán en librerías, y los demás, quitando los 6 000 que se van a dar en la Feria, se distribuyen entre bibliotecas y medios de comunicación. Ayer, Julián Rodríguez, editor de Periférica, que hablaba en nombre de todos los demás que allí estaban, respaldando el proyecto con ilusión, nos contaba que querían tener su propio vehículo sin intermediarios del editor al lector, al librero, al bibliotecario, al periodista. Que la caseta común y la revista eran un punto de partida y un punto de llegada.

Un punto de llegada de unos editores que ya trabajaban muchas veces juntos, compartiendo recursos, facilitándose nombres de traductores, viajando juntos, intercambiando ideas... Aquí añadía que había sido muy importante para el grupo la experiencia que aportaban los más veteranos: Carola Moreno, de Barataria, y Enrique Redel, de Impedimenta. Un punto de partida de unos editores que comparten la visión del oficio de la edición, dijo Enrique Redel en nombre de todos cuando se preguntó al respecto; y Diego Moreno, de Nórdica, completó: comparten la visión del oficio del editor y el cuidado y la importancia de los oficios del libro: el editor, el autor, el traductor, el corrector, el ilustrador, el encuadernador...

Con esto volvíamos al principio de la presentación: Contexto quiere ser entendido en el sentido de gremio, gremio como seno en el interior de las cosas, tal como empezó explicándonoslo Julián Rodríguez. Es esta unión de fondo, aunque los catálogos sean tan dispares, esta visión y esta postura editorial la que les hace haber estado unidos hasta el punto de haberse planteado materializar esta unión en Contexto, para poder expresarse en esa página de contenido cultural, sin intermediarios, para poder, juntos, tener una difusión mucho más acorde con sus ideas.

En un futuro, este punto de partida tiene previsto realizar seminarios y encuentros. ¿Con quién? Sus intereses principales, que no los únicos, son realizar encuentros sectoriales con bibliotecarios y encuentros con otros editores: editores independientes como ellos —alguien me dijo, no sin gracia y sin razón, que aquí el único editor independiente era Planeta, ja, ja; bueno, si independencia quiere decir dinero...—, grandes grupos y editores extranjeros.

Si ustedes no tienen ocasión de ir a la Feria y quieren bajarse en .pdf el primer número de la revista, y en el futuro enterarse de esos encuentros y seminarios, que sepan que Contexto ya tiene sitio web.

Yo, lo que sí puedo contarles es que esos editores tienen en común una sensibilidad y una manera de entender la edición que se refleja en sus libros. Y tienen en común, creo que son conscientes, al público que los lee: el que lee libros de Nórdica, lee también de Impedimenta, o de Libros del Asteroide, o de Periférica, o de Sexto Piso, o de Barataria, o de Global Rhythm. Y sin embargo, no son competencia desleal, sino una asociación de nuevos editores para los nuevos tiempos que corren. Esperamos que Contexto vaya hacia delante con todo el empuje de sus editores y del equipo que les rodea.

Contexto de editoresSocialTwist Tell-a-Friend

viernes, 30 de mayo de 2008

Tirando del hilo de la bola de la ortografía

Leí hace unos días una entrada de Juan Julián Melero, en su Atalaya: desde la tela de araña: ¿Importa la ortografía? Él escribe sobre el problema que les llega a la universidad, en concreto, a tercer curso de carrera y llega a una conclusión bastante lógica —aunque eso sí, la deja abierta, por si alguien tuviera una respuesta mejor—: «al final no queda sino preguntarse si realmente la ortografía sirve de algo. Porque realmente las prácticas no están tan mal; si un alumno no usa ni un acento pero te pone correctamente el contenido puntuable de la práctica, no vas a enmendar tú 6 años de ESO+Bachillerato en 3º de carrera». No, claro que no, no es la universidad la responsable de que los estudiantes utilicen las herramientas más básicas. A nadie se le ocurriría enseñarles que a la hora de tener en cuenta el valor de un número las cifras que van tras la coma son decimales y no valen lo mismo que antes de ella, en 3.º de carrera, ¿no?

Entonces todos pensamos que el problema se ha generado antes. Pero si nos vamos al Bachillerato, nos encontramos en una situación similar: la ortografía es una herramienta ya superada. Gente que estudia literatura y que, tras analizar las características de un texto dado, es capaz de atribuirlo a una época o un autor, está claro que se expresa de manera sobrada en esa lengua, y que la ortografía no debiera ser un problema para ellos.

Y, sin embargo, lo es.

También aparece ese problema en la ESO, y en Primaria. Ah, ya casi llegamos.

El otro día tuve una reunión con la profesora de una de mis hijas, la menor, que está en 5.º de Primaria. Me comentaba que se habían reunido los profesores de 5.º y 6.º con los profesores de instituto y estos les habían dicho, grosso modo, que lo que les interesaba realmente que les enseñaran a los chicos era: 1. que leyesen un texto de cualquier tipo y lo entendiesen (incluidas las preguntas de los exámenes), 2. que supiesen expresarse por escrito con frases completas, 3. que supiesen distinguir qué conceptos eran importantes y cuáles secundarios y que supiesen estructurarlo, y 4. que no cometiesen faltas de ortografía. Parece ser que en 5.º de Primaria (si ustedes no lo saben se corresponde con lo que era 5.º de EGB), los chicos aún no dominan estas cosas; pero el problema es que los profesores de instituto ven que tampoco lo dominan en 1.º o 2.º de la ESO, que es lo que antes era 7.º y 8.º de EGB, y por eso reclaman a los profesores de Primaria que se lo enseñen bien a los niños.

La profesora de mi hija les insiste, al parecer, e incluso pone en la pizarra unas simples normas que seguir a la hora de hacer el examen y que esán ahí, a la vista, durante el desarrollo de este: «Contestamos con frases completas. Comenzamos la frase con mayúscula. Terminamos la frase con un punto. Revisamos la ortografía…»

Sin embargo, a la hora de asistir a clase, en Primaria, por lo general, la realidad es muy distinta. Los niños no suelen tomar apuntes, sino marcar con un marcador (amarillo fosforito, azul, rosa… ahora los hay de todos los colores) lo que en el libro el profesor les dice que es más importante. En el mismo libro hay, tras el tema, un esquema realizado por la editorial o el equipo pedagógico de esta. Pues menuda pedagogía.

La pedagogía de las editoriales de los libros de texto va aún más allá: los ejercicios que vienen, no en cuadernillo aparte, sino en el mismo libro, son de este tipo: «Rellena los blancos», «Une con flechas las frases, o la frase y el concepto que define, o la imagen y la frase que mejor se adecúa…», «Contesta verdadero (V) o falso (F)…» ¿Ven ustedes alguna necesidad de que los niños utilicen frases completas? ¿Acaso el bebé que señala con el dedo las cosas y las consigue fácilmente y está todo el día encerrado en el parque rodeado de juguetes es el bebé que comienza a gatear y a hablar, a investigar por sí mismo?

Sé que hay profesores muy buenos y sé que problemas con la ortografía y la comprensión lectora los ha habido siempre. Pero negar la mayor, hacer oídos sordos a un problema que está engordando como una bola de nieve que cae ladera abajo es tan infantil como cerrar los ojos para hacer ver que no está. ¿Hasta cuándo vamos a ser tan ingenuos como para no hacer caso de las advertencias de los profesores, que ya no piden unos contenidos académicos mínimos, sino unas habilidades mínimas que antes poseía al menos el grueso del grupo? ¿Vamos a seguir echando la culpa a la baja formación de los padres? ¿Es que antes había más padres universitarios que ahora?

Quizá el sistema educativo deba replantearse volver a introducir viejos métodos como el dictado, la lectura en clase en voz alta, la explicación de la asignatura con el cuaderno y el lápiz o el bolígrafo (en vez de con el libro de texto en las manos), la elaboración de esquemas por parte de los alumnos, la exigencia de los resúmenes de determinadas explicaciones o de libros, etc., etc. Esto, claro, es más laborioso de hacer y de corregir que lo de verdadero o falso, y requiere que el profesor tenga tiempo para ello y no lleve una clase saturada, no se le haya quitado autoridad, no se le hayan atribuido tareas que no son las suyas, no se le encarguen asignaturas que tampoco son de su competencia.

Entonces, a lo mejor, nos daremos cuenta de que los niños tienen que estudiar y de que no todo se aprende jugando. Entonces, quizá, el hábito de estudio arraigue en los chicos en una edad temprana y no se nos frustren luego, a los trece, catorce o dieciséis años, cuando vean que el esfuerzo es un requisito para conseguir lo que se quiere, muchas veces, y que los resultados a corto plazo, esos que son los únicos aprendidos en el estudio del esquema del final del tema, o los únicos requeridos en la búsqueda en Google de, por ejemplo, “¿de qué está compuesto el cristal?” (cristal, resultado en wikipedia), esos resultados sin esfuerzo no conducen a nada, ni a aprender, ni a saber estudiar, ni a contentar a los mismos chicos si tienen verdadera curiosidad.

Quizá, también, las editoriales dejen de publicar esos caros libros de texto que nos cuestan unos doscientos euros por niño y comiencen a interactuar con las nuevas tecnologías y alguien se ocupe de verdad de enseñar a los chicos a buscar de forma inteligente en las distintas fuentes de las que disponen.

Ojalá el problema de la ortografía sirva como alarma de ese otro problema de no haberles enseñado a aprender, que subyace, y reaccionemos a tiempo.


Tirando del hilo de la bola de la ortografíaSocialTwist Tell-a-Friend
 
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Free counter and web stats