El precioso logo de la cabecera lo hizo Chicho, mi hermano pequeño, desde los Estados Unidos, y me lo envió. En este sitio se pueden ver varios álbumes de creaciones suyas. A mí me encantan.

martes 26 de mayo de 2009

Breve: Homenaje a Mario Benedetti

Ya participamos en un homenaje a Ángel González. Con motivo de su muerte, entre Antonio, de Re(paso) de lengua, Lu, de A pie de aula, y Joselu, de Profesor en la Secundaria, lo organizaron.

Ahora, con el impulso de Joselu, nace otro wiki para homenajear a Mario Benedetti: pueden ustedes participar. Se elige un poema, de los que ya están en la página de la portada o el que uno quiera, se graba (en las normas de publicación hay un enlace para bajarse un programa para grabar y un tutorial, cortesía de Lu, de cómo hacerlo y exportar el archivo a mp3) y luego se sube a uno de esos sitios donde almacenar y compartir, para poder tener un código embed que insertar en la página donde se pone el poema. Si alguien tiene algún problema a pesar de las instrucciones, Joselu les ayuda. Yo también haré lo posible, si quieren.

Algo muy especial: hay dos niñas que recitan dos poemas de Benedetti: Lucía González nos deleita con «Nadie lo sabe» y Carly con «Botella al mar».

Si gustan...

miércoles 22 de abril de 2009

Los ilustrados


En muchas librerías en las que entro no saben bien qué hacer con los libros ilustrados. Hasta hace unos años todo estaba muy claro: los libros ilustrados eran libros para niños, así que se ponían en los estantes o en la sección de Literatura Infanti y Juvenil. Los cómics también iban a parar allí, y allí se mezclaban Astérix y Obélix, Mortadelo y Filemón con Mafalda y con el Marsupilami.

Parece que ante la avalancha de novela gráfica o cómics editados exclusivamente para adultos, las librerías han hecho un hueco expreso para ellos, no vaya a ser que a alguna madre le dé un yuyu si descubre algo políticamente incorrecto (y lo hay muy muy políticamente incorrecto) entre los tontos tebeos de Disney, por ejemplo, a los que les debió parecer demasiado frustrante el final original estupendo de la Sirenita, ese en que se gana un alma y pasa a ser estrella en vez de desaparecer entre la espuma del mar, y los de la Disney, pásmense, la casan con el príncipe, se lo juro; no se puede poner un final más bobo.

Bueno, lo que muchos libreros no han solucionado aún es eso de los ilustrados para adultos. A lo mejor porque realmente son para adultos y para jóvenes y las fronteras de las edades no son nada claras, que anda que no nos empeñamos en poner etiquetas. Hay libros en que pone: «para menos de 3 años»; en otros he leído: «a partir de 6 años»; otros dicen: «+ de 10 años». A mí las etiquetas me parece que las ponen para los que no gustan mucho de hojear los libros, o para los que no tienen niños y no recuerdan muy bien su infancia, o quizá para aquellos que no hablan con los libreros. Mis niñas y yo pasamos por entre las señales de tráfico de las editoriales y nos gusta saltarnos los prohibido-el-paso: es que encontramos la mar de cosas interesantes en tooodas las secciones. Si por nosotras fuera, quizá estaría todo ordenado de distinta manera: los libros que me apetece leer hoy por la tarde, que llueve; los que quiero con locura y me ponen siempre de buen humor; aquellos que leo solo cuando estoy triste, pero no demasiado; los que me trago cuando, demasiado triste esta vez, sí, necesito que algo me entretenga (y como la tele no me sirve...); los que son preciosos y huelen genial, con ilustraciones; los que van saliendo como cerezas, enredados del rabo de la anterior, cuando leemos en voz alta; buf, creo que sería una librería caótica donde no habría manera de conseguir encontrar casi nada a la hora de vender. Sería diferente cada día y para cada uno y, claro, no habría manera de que nadie se aclarase. Mejor dejar las cosas como están. Los libreros son mucho más listos y hábiles en su labor, y en las librerías en que los libreros aman los libros, uno al entrar se siente a gusto. Hay un cierto orden, para no perderse, para no perder los libros, pero yo creo que también hay algo de esa apetencia del propio librero, sí; y se contagia.

Bueno, a lo que íbamos, los ilustrados para adultos —otra etiqueta más, ¿verdad?; vamos a desetiquetarlos: los ilustrados sin nada más, ni para niños ni para adultos ni para jóvenes, para todos—, ¿dónde los pondrían ustedes? Yo lo anduve pensando como se piensa allá en bibliotecas y documentación con eso de las fichitas de antes, que ahora ha pasado a ser un campo con el signo de dólar en el ordenador, ¿no?, lo pensé así, ¿por dónde lo va a buscar el lector? Igual que si fuese a buscar un libro de Clarín, tendría que consignar también el nombre Leopoldo Alas: así, se le asigna una autoridad, un nombre en el que todos coinciden, normalmente seguido de unas fechas [nacimiento y muerte], y luego se relacionan todas las variantes posibles, para que lo encuentre uno lo busque como lo busque —claro, hay que recordar que el apellido se pone delante y el nombre detrás, tras una coma—: Clarín, Clarín 1852-1901, Alas, Leopoldo 1852-1901, Alas Ureña, Leopoldo 1852-1901, Alas y Ureña, Leopoldo 1852-1901, etc. Lo común en los dos casos, nombres y libros, es el objetivo de que lo encuentre quien lo busca.

Yo, como lectora, iría a buscar el libro ilustrado a la zona de libros ilustrados de adultos, pero claro, ya hemos hablado de que eso, el que esa zona no exista en la mayor parte de las librerías, es uno de los motivos de este lío. La segunda opción más lógica es, para mí, ir a buscarlo entre los libros del mismo autor del libro en cuestión: ¿que es de Kafka?, pues a literatura extranjera, a los autores con K; ¿de H. P. Lovecraft?, pues a los que empiezan por L. ¿De Baudelaire y poesía?, pues a poesía extranjera, si está diferenciada de la narrativa, bajo los autores que empiezan por B.

Creo que es más fácil que clasificarlos por el ilustrador: eso se puede plantear si hay una sección de libro ilustrado, claro, mientras tanto, nada que hacer.

Así, bajo el autor, los encuentro en algunas librerías, sobre todo en las de los buenos libreros. Sin embargo, en otras, impepinablemente van a parar a la sección de libro infantil y juvenil, pero a una zona no definida, casi escondida, de donde he visto que los sacan a veces algunos niños, curiosos, y adonde sus padres les hacen devolverlos, madre mía, hija, ¿pero no ves que eso es para mayores?, ¿has visto qué dibujos más tétricos? Quedan apartados y amontonados en una esquina de esta sección, algo tristes y desvalidos, sintiéndose fuera de lugar, o eso siento yo, que a veces rescato a alguno, aunque ya lo tenga, porque lo cierto es que son maravillosos. De estantes así he sacado a El proceso, de Kafka, ilustrado por Bengt Fosshag, en Ilustrados de Nórdica, o El Golem, de Gustav Meyrink, ilustrado por Marcia Schvartz y Fernando Bedoya, en Libros del Zorro Rojo.

Estas dos editoriales son, sin duda, dos de las que más han apostado por los ilustrados más allá del mundo infantil. Junto con Media Vaca, que reza en su cabecera: «MEDIA VACA libros para niños», pero que admite niños mayores, de muuuchos años, siempre y cuando los mayores no nos hayamos vuelto mayores «con una visión del mundo terriblemente estrecha y con las ideas más anodinas y deprimentes»1, por supuesto.



Los Libros del Zorro Rojo tienen una sección infantil que recomiendo encarecidamente: los blancos y negros de Estaba oscuro y sospechosamente tranquilo, de Einar Turkowski, tan detallado y estrambótico; el blanco y negro expresionista de El viaje de Kuno, de Klaus Merz, ilustrado por Hannes Binder; la delicadeza de Javier Zabala en Santiago de García Lorca; la explosión de color y la expresividad del oso que transita por los caños de la casa de El discuro del oso, de Cortázar, ilustrado por Emilio Urberuaga. Y voy a parar ya porque si no, no acabo nunca este post: vayan a ver ustedes en el enlace a la sección infantil y verán que son a cual mejor.

Están también los ilustrados de Libros del Zorro Rojo para Jóvenes & Adultos: no sé cuál recomendarles; yo me haría con todos (de hecho, estoy en ello). Son geniales las ilustraciones de Santiago Caruso en El horror de Dunwich, de H. P. Lovecraft, traducido por Elvio E. Gandolfo (también son las culpables de que yo, miedica de por sí, las haya pasado moradas por la noche al terminar el libro, y haya tenido que meterlo rápidamente entre otros dos de buen tamaño, para no ver más el miedo). Luis Scafati es uno de los ilustradores más prolíficos en esta editorial, y el causante de que tenga otra versión más de La metamorfosis, de Kafka, traducida por César Aira o de El gato negro y otros relatos de terror, de Allan Poe, en traducción de Elvio E. Gandolfo. Las ilustraciones de Pat Andrea para Las flores del mal de Baudelaire, en traducción de Jaime Siles, son especiales de verdad. Y no quiero dejarme fuera a nadie, pero menos aún a José Muñoz, que ilustró Las fieras cómplices de Horacio Quiroga y de la pluma del que estoy deseando que salga ilustrado mi cuento favorito: de Cortázar, cómo no: El perseguidor.

Bueno, sigan ustedes navegando por su catálogo y escojan.

Nórdica Libros, esa estupenda editorial que lleva hacia delante Diego Moreno, acaba de sacar nueva colección: Soñando ciudades; nos trae así la colección de Bohem press "Komm mit Bilderbuchreiseführer (Let's go! City-guides for children)". El primer ejemplar es Barcelona para niños, de Javier Zabala, que ya ha trabajado antes con Nórdica.

Pero lleva editando ilustrados desde el principio; ¿que cuáles les recomiendo? Todos: son exquisitos. Noemí Villamuza ilustró El festín de Babette, de Isak Dinesen, y repite con El capote, de Gógol: es increíble la maestría con que esta ilustradora se maneja en el blanco y negro. Louis Joos ilustró Las flores del mal, de Baudelaire, en edición bilingüe, con traducción de Carmen Morales y Claude Dubois, y lo volvió a hacer con otro grande, también en edición bilingüe, y donde repiten los mismos traductores, en Poemas, una antología de Verlaine. El proceso, de Kafka, en traducción de Miguel Sáenz, está ilustrado por Bengt Fosshag. Creo que ya les he hablado aquí de la joya que es el ilustrado Bartleby, el escribiente, de Herman Melville, en traducción de M.ª José Chuliá, por Javier Zabala. Sobre Sin contar, una colaboración de W. G. Sebald (poesías, traducidas por M.ª Teresa Ruiz y Katjia Wirth) y Jan Peter Trip (grabados), voy a remitirles a una reseña que publiqué en el blog Addenda et corrigenda, si me lo permiten.

Estas dos editoriales han apostado también por los ilustrados de bolsillo: en Libros del Zorro Rojo está la colección Clásicos de bolsillo, con dos de sus títulos más vendidos, ilustrados ambos por Luis Scafati: La metamorfosis de Kafka y El gato negro y otros relatos de terror de Poe.

Nórdica Libros tiene los MINIILUSTRADOS: son ilustrados de bolsillo. Ya consigné aquí su aparición, con la edición de El festín de Babette en este formato. Luego ha publicado más, y ha dejado de ser un eco del catálogo de Ilutrados para tener un catálogo independiente: han aparecido allí, sin previo paso por la colección de sus hermanos mayores, Secuelas de una larguísima nota de rechazo, de Charles Bukowski, inédito en castellano hasta esta edición traducida por M.ª José Chuliá e ilustrada por Thomas M. Müller; y el delicioso libro La maravillosa historia de Peter Shlemihl, de Adelbert von Chamisso, en traducción de Ulrike Michael-Valdés y Hernán Valdés, con ilustraciones de Agustín Comotto.

Normalmente, Nórdica Libros presenta todas sus novedades ilustradas con un vídeo promocional que se puede ver al entrar en su página: por ejemplo, ahora, el que está es el de El capote. Esos vídeos son también una maravilla, y en la misma página de la editorial, o en su blog, pueden ustedes disfrutarlos.

Media Vaca tiene cuatro colecciones, todas ellas ilustradas: Libros para niños, Últimas lecturas, grandes y PEQUEÑOS y Mi hermosa ciudad. Todos sus libros son una joya.

La Editorial Libro de Notas —que me es especialmente querida y con la que tengo una relación que me impediría ser objetiva, pero, ¿quién lo es cuando escribe de lo que le gusta y quiere compartir?— siempre edita los libros ilustrados: en la colección Poesía tenemos Oscuro fluir de sombras, una antología de poemas de Francisco Serradilla, con ilustraciones de Philippe Laffont; un poemario de Alber Vázquez, La mano que decide la intensidad del agua, ilustrado por el autor; una Leve historia del mundo escrita por Marcos Taracido e ilustrada por Hilario Barrero; y las Artes adivinatorias de Germán Machado ilustradas por Fernando de la Iglesia.

Está también ya inaugurada la colección Miradas, con el cómic-poema de Marcos Taracido (texto) y Fernando de la Iglesia (ilustraciones) Tratado del miedo.

Editorial Libro de Notas es una editorial digital y en papel, eso ya se lo conté a ustedes en esta otra entrada.

Bien, este es un trocito del panorama de los ilustrados. Seguro que ustedes conocen más. A lo mejor estos libros que les he presentado u otros con los que se topan entre tanto enlace les gustan, o piensan que les gustarían a alguien que conocen. Como mañana es el día del libro, o del libro y de la rosa (a mí me encanta esa tradición de Sant Jordi, pero si me regalan libro y rosa, todo a la vez, je), se me ocurre que bien pueden regalar un ilustrado. Pero un ilustrado con chicha: con buena literatura y con buena ilustración.

Que ustedes lo celebren bien.

[1]En «Los libros para niños», precioso texto de Vicente Ferre Azcoiti (uno de los editores de Media Vaca), y que se puede leer completo en esta página de la editorial.

lunes 23 de marzo de 2009

La Hora del Planeta: los días de marzo (poesía y teatro)



Así, en plan «un, dos, tres, responda otra vez», días señalados en el mes de marzo. El primero que le sale a todo el mundo es el Día de la Mujer (Trabajadora, añadían antes; creo que lo quitaron por redundante), el 8 de marzo. Pero aquí en España le sigue por muy poco el Día del Padre, el 19 de marzo, y más que por los papis, porque terminan las Fallas; vamos, en Valencia, de hecho, el mes de marzo es el mes de las Fallas, dejen a un lado la mujer o la poesía.

El Día Mundial del Consumidor, al parecer, es el 15 de marzo: aquí en Rivas Vaciamadrid organizaron unos talleres lúdico-educativos, castillos hinchables, cuentacuentos y títeres, para empezar desde bien chiquitos a aprender a consumir, supongo, con cabeza; ah, y había regalos para los asistentes —hombre, me hizo gracia eso de tener que recurrir al cebo del consumismo, con los castillos hinchables y los regalos, para precisamente exponer los riesgos, derechos, privilegios y responsabilidades del consumo, pero debe de ser que si no, no hay público.

Este año —puede ser que otros años también; aunque yo no recuerde que fuese en marzo, sí recuerdo algo de apagones— tenemos horas, además de días: nada más y nada menos que la Hora del Planeta, el sábado 28 de marzo, de 20:30 a 21:30 (UTC +1, hora en España). Lo que usted puede hacer, aparte de apagar las luces y aparatos eléctricos —yo no les aconsejo apagar su refrigerador, pero, ustedes mismos—, lo pueden consultar en el enlace. Para los niños, se proponen diversas actividades; hay un par, entre ellas, que, de paso, les pueden servir para celebrar también el Día Mundial del Teatro, que es el 27 de marzo —sí, sí, menudo mesecito—: una representación cuyos personajes son las víctimas del cambio climático, para la que WWF ofrece las caretas y un guión, aunque del guión a una obra, va un largo trecho; pero con imaginación y niños de por medio, siempre se puede uno divertir y pasarlo en grande. Y otra propuesta es la de hacer sombras chinescas, aprovechando que a la luz de las velas hay luces y sombras y que, además, sin tele ni PC ni portátil ni DS (porque no vale eso de apagar los aparatos conectados a la red y seguir tirando de los que van a pilas o de los que tienen la batería cargada, ¿eh?, no me hagan trampas, apaguen también el móvil)... los peques y los mayores tendremos tiempo y ganas de vernos las caras, vamos, que nos veremos más con apagón que a plena luz.

Pues hala, aprovechen, si quieren también para rendir homenaje al Día Mundial de la Poesía, que es el 21 de marzo, que ni siquiera es un día solo para ella, porque es el comienzo de la primavera, claro, que por ese motivo y no otro es por el que se lo han adjudicado —y a mí que la poesía no me sugiere así, de primeras, nada primaveral, y la primavera, a bote pronto, tampoco me parece nada poética...—: pueden ustedes probar a recitar poesías de esas que se aprendían en la escuela, que uno cree que ha olvidado y descubre que es como montar en bici, que en cuanto vuelve a dar dos pedaladas, vuelve a estar hecho un chaval. El otro día a mí me salió del tirón el monólogo de Segismundo —«¡Ay, mísero de mí, ay, infelice!», ese digo—; hombre, en La canción del pirata me limité a los primeros versos y a algunos trozos, suerte que mi hija mayor sí se la sabía de pe a pa; pero con Al olmo seco..., de Antonio Machado, mi memoria triunfó de nuevo, ja. La peque, que cada vez es menos peque, por cierto, la que recuerda bien bien es la de El lagarto está llorando. Luego nos recita la que le ha escrito a su abuelo por su cumple. Como el año pasado senté precedente, le he pedido permiso, y aquí se la copio, porque, «mami, yo ya he escrito esta, no estoy inspirada para otra estos días». Cierto, anda muy ocupada haciendo pulseras, dando volteretas laterales y haciendo el pino por ahí, montando en bici, reuniendo a los escarabajos del romero para darles clase... eso es aquí la primavera: niños y bichos por doquier, más que poesía.

(La coincidencia de las fechas es maldita casualidad)

11 de marzo

«¡Que corra la voz,
que corra la voz!
11 de marzo,
un señor muy importante
cumple 72
«¡Huch!»
Que son 75,
mi rima al garete,
el señor es un poco más viejete.
«¿75?» No me salen las cuentas ahora,
«¡Marcelino, trae la calculadora!»
1 + 1 es 2
2 + 2 son 4
y un ocho tumbado
es algo muy complicado.
Pero una cosa sí que sé...
¡Que viva el viejete,
que para eso es mi abuelo!

P.D:
El 99% de 100 abuelos es 1, el mío.

[La puntuación, ortografía, concordancia, forma de escribir los números, operaciones matemáticas, etc., han sido respetadas siguiendo los criterios de la autora, que, por otra parte, nunca se deja aconsejar más allá de si es con ge o con jota; excepto el ocho tumbado, que realmente aparece dibujado como tal, pero no he podido ponerlo aquí (pero sé que es un ocho tumbado y no infinito como creí yo cuando lo vi por primera vez, porque ella, la autora, me lo aclaró). El huch del verso 6, la autora lo pronuncia ach.]

Y ahora va una poesía de Teresa Calderón, poeta y narradora chilena, con la que, de paso, celebramos también el Día de la Mujer, y que me llegó de una lista a la que creo que la envió Juan Blanco, y se lo agradezco.

Mujeres del mundo: uníos

Arriba mujeres del mundo
La buena niña
Y la buena para el deseo
Las hermanitas de los pobres y amiguitas de los ricos
La galla chora y la mosca muerta
La galla hueca y el medio pollo
La cabra lesa y la cabra chica metida a grande
Canchera la cabra
Y la que volvió al redil

La que se echa una canita al aire
La que cayó en cana o al litro
Y la caída del catre
Las penélopes
Matas haris y juanas de arco
La que tiene las hechas y las sospechas
La que se mete a monja
O en camisas de once varas.
La mina loca la mina rica
Pedazo de mina
La que no tenga perro que le ladre
Y la que "tenga un bacán que la acamale"
Arriba las mujeres del mundo
La comadre que saca los choros del canasto
Los pies del plato
Y las castañas con la mano del gato
Las damas de blanco azul y rojo
Las de morado
Las damas juanas y damiselas
Todas las damas y las nunca tanto

La liviana de cascos
Y la pesada de sangre
La tonta que se pasó de viva y la tonta morales
La que se hace la tonta si le conviene
La que no sabe nada de nada
Y esa que se las sabe por libro

La madre del año arriba,
Madre hay una sola
Y las que se salieron de madre

Arriba mujeres del mundo:
La cabra que canta pidiendo limosna
La que como le cantan baila
Y la que no cantó ni en la parrilla

Arriba todas las que tengan
Vela en este entierro
La que pasa la lista
Y la que se pasa de lista

La aparecida y la desaparecida
La que se ríe en la fila
Y la que ríe último ríe mejor:

La natasha la eliana la pía
La paz la anamaría la lila
La angelina y la cristina
La que anda revolviendo el gallinero
La que pasa pellejerías
Y la que no arriesga el pellejo
La dejada por el tren
O por la mano de Dios.

Que se alcen las mujeres con valor
las pierdeteuna
y las que se las ha perdido todas
la percanta que se pasa para la punta
y esa que apuntan con los fusiles.

jueves 22 de enero de 2009

Breve: Un dragón de mudanza en Madrid


En todas partes hay entrañables librerías con libreros maravillosos —y esperemos que sigan ahí, a pesar de los pesares, a pesar de los soportes nuevos o viejos, a pesar de los muchos, los pocos, los demasiados libros y a pesar de los pocos lectores (¿de verdad son tan pocos?)—. Hay libreros que te dejan recorrer la librería entera con paciencia, con más paciencia que Job, y que siguen a lo suyo, tranquilos, aun cuando tú estás abriendo un libro tras otro y tu hijo, mientras, te imita a su manera —en esos casos es conveniente y hasta recomendable practicar el juego juntos y cuidar así de que los libros no sufran en las manitas infantiles o no acaben colocados de formas extrañas e impensables que hacen que, por ejemplo, las páginas se doblen al colarse dentro otro libro en el hueco en el que, tenaz como solo lo es un niño, ha conseguido muy orgulloso meterlo a fuerza bruta el peque—. El librero, además, sonríe y te responde «Adiós, gracias» —a veces me pregunto si su subconsciente quiere decir «A Dios gracias (que se van al fin)», ja, ja, es broma— cuando te despides sin llevarte nada. Y es que entiende que, aunque no compréis ese día, que tu niño vaya a la librería es tan bueno como que te acompañe al mercado: se acostumbra, y el roce hace el cariño, y la costumbre y lo conocido quita el miedo.

En Madrid, entre muchas otras librerías extraordinarias con libreros extraordinarios —atención, que algunos son muy simpáticos, otros son muy serios, otros son charlatanes, otros más bien secos... hay personalidades para todos los gustos, pero todos coinciden en que les gustan los libros, saben de libros y te aconsejan estupendamente si se lo pides—, y entre otras muchas librerías extraordinarias especializadas en literatura infantil y juvenil, donde los libreros, además, son unos amantes de los buenos libros destinados a niños y jóvenes hasta noventa y nueve años o más, hay una librería donde vive un dragón: Leo.

Leo nos ha escrito para decirnos que se muda. No se va de Madrid, pero se cambia de casa. Como él lo cuenta muy bien con sus propias palabras, aquí les dejo la carta que nos envió.


Dragonia, 20 de enero de 2009

Queridos amigos y amigas de Dragonia:

Hace aproximadamente un mes me enteré de que tenía que dejar mi casa actual, la de Españoleto, la casa en la que desde hace ya cinco años he ido dejando mis libros favoritos para que los pudierais disfrutar.

Al principio no lo entendí, pero... pero no había nada que entender, solo tenía que salir de allí. Me colé bajo la puerta como he hecho tantas veces, de noche, para que nadie me viera, y recorrí con la vista los rincones que hemos disfrutado. Recordé de pronto las paredes vacías al principio de todo; recordé, también, la llegada de los primeros libros; vuestras primeras visitas, ¡qué alegría trajisteis!. No lo pude remediar, sentí que dos lágrimas, dos grandes lágrimas (recordad, soy un dragón) resbalaban por mis mejillas.

Inmediatamente sentí la necesidad de salir a buscar un nuevo hogar, tenía que seguir con mi misión, ya sabéis, descubrir y acercaos los libros más bonitos. Un dragón siempre cumple su misión.

Comencé a recorrer volando las calles buscando una casa vacía que me pudiera acoger, mi luz azul iluminaba fuertemente mi paso las calles de Madrid. Encontré una casa muy grande, en una calle muy grande, los coches sonaban fuertemente y sentí que no quería que estuvieseis tan cerca de ellos; inmediatamente encontré otra, pero tenía escaleras por todos lados, tampoco os imaginaba subiendo y bajando ¡qué miedo!; seguí en mi búsqueda y volé y volé y sentí que estaba muy lejos de donde había estado viviendo hasta ahora, y eso tampoco lo quería, deseaba estar cerca de todos los amigos y amigas que tengo en el barrio; así que di la vuelta y sobrevolé de nuevo Chamberí ¡qué bonito es!; entonces apareció una casa vacía justo delante de mí pero... tenia el escaparate muy alto, no llegaríais a ver los libros desde la calle.

Mi luz se fue debilitando, estaba cansado y entonces aparecieron ellos, mis amigos los dragones: el plateado, el colorado, el dorado y el verde. En cuanto supieron lo que me pasaba, se pusieron a ayudarme en esa búsqueda y me transmitieron su fuerza y energía. Nos separamos por distintas calles y sentí que mi luz se hacía más y más fuerte. Las calles se iluminaron con nuestros colores. El plateado transformó con su luz el paisaje como si la luna llena hubiera aparecido; el colorado, tiñó de rojo las fachadas; el dorado trajo devolvió la luz del atardecer en plena noche; y el verde cambió el asfalto por fresca hierba. Buscamos, buscamos,...

Entré en una pequeña y tranquila calle y pasé rápido, pero justo cuando salía de ella a una más grande en la que desembocaba, recordé una imagen que había visto al pasar: dos columnas de hierro como la que tenía en Españoleto. Rápidamente di la vuelta en la ancha avenida y retrocedí para entrar de nuevo en ella y entonces me encontré allí, frente a aquella casa vacía. Estaba al lado de la anterior y, además de las columnas de hierro, tenía un gran escaparate que llegaba hasta el suelo. Pero no solo fue eso, al explorarla por dentro me di cuenta de que era más grande y os imaginé más cómodos y, de pronto, la vi: una cueva, mi cueva. Cuánto había echado de menos una cueva para refugiarme a leer. Ya no había duda, ese iba a ser mi nuevo hogar. Con todas mis fuerzas solté hacia el cielo una gran llamarada que vieron mis amigos y juntos celebramos con alegría el descubrimiento. Fue una noche fantástica, saltamos, volamos, hicimos piruetas, lanzamos llamaradas ¡estábamos felices! Según he oído, los bomberos salieron alguna vez pensando que había fuego, pero no lo encontraron por ningún lado; y también un servicio especial, no sé cómo le llaman, creían que los extraterrestres estaban invadiendo Madrid. Éramos nosotros, nuestra alegría, nuestra energía, nuestra fuerza que llegaron a todos los rincones de la ciudad.

Ahora, ya veis, lejos de estar triste estoy muy contento. Tengo nuevas ilusiones y sé que voy a seguir muchos, muchos años con mi misión.

Amigas y amigos, os espero desde la semana del 26 de enero en mi nuevo hogar, estoy impaciente porque lo veáis, os va a gustar muchísimo. He preparado ya muchos libros maravillosos para que sigáis disfrutando con ellos y los conoceremos con un montón de actividades para celebrar nuestra llegada a la calle Sagunto 20 : allí está mi cueva, La Cueva de Leo.

Contádselo a vuestros amigos, os esperamos a todos.

Besitos dragonianos de

Leo,
El Dragón Lector

lunes 19 de enero de 2009

Marosa di Giorgio. Semblanza y cuento


Imagen tomada de El Poder de la Palabra


Mi buena amiga Pilar Chargoñia me obsequia —nos obsequia— con este hermoso texto que, además nos trae un cuento-poema o poema-cuento de una escritora uruguaya llamada Marosa di Giorgio. Disfrutémoslo. Gracias, Pilar.

Marosa di Giorgio

Semblanza y cuento

por Pilar Chargoñia

La mujer está de pie en una esquina, pasa un camionero y le grita una porquería. Mírala ahí, apretándose contra la pared, escandalizada...

Imagina el interior del país, es Salto y es Uruguay. Ella es escritora. Vive con su madre, una mujer de carácter fuerte, mandona y exigente, que quiere a su hija consigo, no la quiere desamparar.

Ella nació en el 1932 y murió en el 2004, ya puedes darte una idea.

Dibújate una caricatura mental, una mujer bien fea: labios pulpudos (que no es lo mismo que decir “pulposos”) pintados de un rojo violento. El pelo violeta, suelto y largo, tapándole el ojo izquierdo. La ropa de colorinches, abalorios y pollera demasiado corta. No es nada joven (que no es lo mismo que decir que es vieja; la edad es indiferente, pero no es una edad de las buenas).

¿Qué crees que puede escribir una mujer así?, ¿en ese tiempo, en ese lugar? Poesía, claro. Poesía en prosa, para ser más prolijos. Ajá, ¿y de qué tipo, estilo, etcétera?

Imagínala ahora en ese antro de intelectuales que fue el café Sorocabana, ya en la capital, siempre en la misma mesita redonda de viejísimo mármol, la mejilla apoyada en la mano gordezuela, las uñas de un rojizo diferente al de la boca, la sonrisa tristona. (Colorido expresionista.) Desde fuera parece que a su ventana le faltaran las macetas con helechos, los canarios en las jaulas, un brillo de sol plateado en el borde de la copita de anís...

Pacata hasta decir basta: «¡Ay, S., no me digas esas cosas!» El bueno de S[1]. solo le había hecho una broma sobre la fijación del camionero, tal vez algo sobre sus piernas o su llamarada capilar...

Lo dicho: ¿qué crees que puede escribir una mujer así? Pero, ¿y uno qué sabe? En caso de dejarnos llevar por las apariencias no llegamos a parte alguna. O sí. O ni idea.

Aquí va una muestrita de sus meandros expresivos. Que te aproveche.

El lobo[2]

Marosa di Giorgio, Los papeles salvajes, 1979.

«Cuando nació, apareció el lobo. Domingo al mediodía, luz brillante, y la madre vio, a través de los vidrios, el hocico picudo, y en la pelambre, las espinas de escarcha, y clamoreó; más, le dieron una pócima que la adormecía alegremente.

El lobo asistió al bautismo y a la comunión; el bautismo, con faldones; la comunión, con vestido rosa. El lobo no se veía, solo asomaban sus orejas puntiagudas entre las cosas.

La persiguió a la escuela, oculto por rosales y repollos; la espiaba en las fiestas de exámenes, cuando ella tembló un poco.

Divisó al primer novio, y al segundo, y al tercero, que solo la miraron tras la reja. Ella con el organdí ilusorio que usaban entonces las niñas de jardines. Y las perlas, en la cabeza, en el escote, en el ruedo, perlas pesadas y esplendorosas (era lo único que sostenía el vestido). Al moverse, perdía algunas de esas perlas. Pero los novios desaparecieron sin que nadie supiese por qué.

Las amigas se casaban; unas tras otras, fue a grandes fiestas; asistió al nacimiento de los hijos de cada una.

Y los años pasaron y volaron, y ella en su extrañeza. Un día se volvió y dijo a alguien: “Es el lobo”. Aunque en verdad ella nunca había visto un lobo.

Hasta que llegó una noche extraordinaria, por las camelias y las estrellas. Llegó una noche extraordinaria.

Detrás de la reja apareció el lobo; pero apareció como novio, como un hombre habló en voz baja y convincente. Le dijo: “Ven”. Ella obedeció; se le cayó una perla. Salió. Él dijo: “¿Acá?” Pero, atravesaron camelias y rosales, todo negro por la oscuridad, hasta un hueco que parecía cavado especialmente. Ella se arrodilló; él se arrodilló. Estiró su grande lengua y la lamió. Le dijo: “¿Cómo quieres?”.

Ella no respondía. Era una reina. Solo la sonrisa leve que había visto a las amigas en las bodas.

Él le sacó una mano, y la otra mano, un pie, el otro pie, la contempló un instante así. Luego le sacó la cabeza; los ojos (puso uno a cada lado); le sacó las costillas y todo.

Pero, por sobre todo, devoró la sangre, con rapidez, maestría y gran virilidad.»

*


[1] Sergio López Suárez, escritor de literatura infantil y juvenil, ilustrador, maestro. A él le debo esta anécdota y la semblanza de Marosa.

[2] Título propuesto por mí (Pilar), ya que los textos de Marosa di Giorgio no los llevan. También podría ser “Uno de lobos”, uno de sus poemas sobre lobos.


Si quieren oír el poema en boca de la misma Marosa, pueden hacerlo en Palabra virtual.

jueves 8 de enero de 2009

Lo poquito que sé de lectura, de lectores y de niños

Las niñas atentas a algo que han descubierto

Este año que empieza, como todos, unos cuantos andaremos buscando trucos para enganchar a uno o varios chicos a la lectura; otros tantos nos los ofrecerán; habrá campañas diversas, como siempre, y no faltará el que diga que no tiene por qué leer todo el mundo, que no todos somos iguales, que es cuestión de gustos. Mire usted qué gracioso. Para mí eso es como decir que no todo el mundo tiene por qué jugar: hombre, pues todos tenemos derecho a ello, sobre todo los niños.
En eso estoy con Joan Carles Girbés cuando decía en su guía Leer para crecer: guía práctica para hacer lectores a los hijos [fragmentos y reseña, en castellano] (Llegir per a créixer: guia per a fer fills lectors [texto completo, en valenciano]): «Es que leer es un rollo... ¡Stop! ¡Eso sí que no! “Es que a mí no me gusta leer.” Sería más correcto decir: “Es que nunca he leído un libro que me guste”, porque a menudo quien afirma que leer es aburrido es porque aún no ha encontrado las lecturas adecuadas a sus gustos e intereses, ese libro corto o larguísimo que le hará descubrir sensaciones nuevas, aprender, crecer, madurar, vibrar de emoción y encontrarse consigo mismo. ¿A quién no le gusta el cine? Pueden que no gustarle las películas de amor, o las de terror, o las de acción, pero seguro que hay determinadas películas que le entusiasman. Con la literatura pasa lo mismo.»
En diciembre, estas pasadas vacaciones, gracias a un mensaje de C. C. en el foro de Animación a la lectura, di con estos Consejos para enseñar a leer por placer en La Nación.
Son buenos consejos; de hecho, son muy buenos: leer a los niños de pequeños, llevarlos a la librería y dejar que elijan sus libros, no pretender que les gusten obligatoriamente los mismos que nos gustaron a nosotros a su edad, hacer sitio a sus libros para que puedan tener su propia biblioteca...
Sin embargo, me llama la atención esta frase: «A la hora de buscar informaciones y diversión, muchas veces los chicos prefieren respuestas más rápidas, como la televisión, la PlayStation o Internet. El escritor Pablo De Santis habla del "carácter de urgencia y de las respuestas inmediatas" de esos medios en comparación con los libros "pacientes y que siempre pueden esperar"». Me pregunto por qué nadie se pregunta cómo llegan los niños a la Play, a la Nintendo o a la PSP, al móvil o a la tele, al ordenador o a la pantalla del tipo que sea; por qué siempre empezamos dando por hecho que es algo innato y natural.
Es curioso, ¿verdad?, es como si todos asumiéramos que un niño prefiere la compañía de una máquina a la de una persona: es más rápida, es interactiva, es de colores...
Ja, ja, aunque volara mientras canta y gira.
Yo les aseguro que los niños prefieren una y mil veces una mamá, un papá, un hermano... quien sea, a una máquina. Enganchar a un niño a la tele es trabajo de días, no de un momento. Es no hacerle caso cuando llega a gatas, si es que ha aprendido a ir a gatas, y dejarlo en el parque para que no moleste y enchufarle la tele. Aun así, el niño mirará la pantalla y luego se aburrirá como una ostra. Y reclamará nuestra atención. Y si no se le hace caso y se le da una ranita que habla cuando le aprietas la pata o la barriga, el niño lo hace un par de veces y luego la ranita se queda cantando solita.
Quiero decir: si mamá le canta una nana, o papá, por mal que canten, el bebé se acurruca en sus brazos, o llora porque le duele lo que sea, pero lo prefiere al chisme que suena y que hasta mece la cuna. Cuando van creciendo, quieren curar a los muñecos y a nosotros, no a un tamagothi. Cuando descubren algo en el suelo y lo chupan, luego nos lo enseñan a nosotros, no a la tele. Si les contamos cuentos, nos escuchan. Si nos hablan, si se ríen, si lloran porque se caen o porque les da la gana, ¿a quién buscan? ¿Cuántas veces les decimos «ahora no puedo, cariño» porque nos reclaman a nosotros?
Desenganchar a un niño de las personas que le rodean hasta conseguir que se enganche a una tele, a una consola o a un bichito digital es ir cortando hilos de atención: el hilo de leerle cuentos, zas; el de jugar a la peluquería, al médico, al tendero..., zas; el hilo de contar historias juntos, zas; ese otro de dibujar todos, ese también, zas; el de bajar al parque, ¡qué pérdida de tiempo!, zas; ¿que me dicen del de escuchar pacientemente sus chistes interminables o sus cuentos?, zas; el hilo de ensuciar la cocina con muuucha paciencia, quita, quita, zas; y el de que nos hagan una función de guiñol, ah, ¿pero aún hay algún sitio donde haya teatrillos y marionetas?, ¿es que hay padres o abuelos que tengan tiempo de ver las funciones de los niños?... ZAS
Poco a poco, pasito a pasito lo hemos conseguido: hilo a hilo. Que el tiempo es oro y uno no está para malgastarlo en jugar, contar, escuchar, bailar, cantar, crear, destrozar... Luego, cariño, ¿por qué ahora no te entretienes un ratito con ese libro tan bonito que habla? ¿O con ese ordenador para peques? ¿O con esa película que te gusta tanto? «Pero tú conmigo, mami, la vemos juntos, ¿sí?» Mami tiene cosas que hacer, luego viene.
No es la lectura, es todo: la lectura, el juego, la cocina, el bailoteo, la música, las películas, las charlas, los cuentos, las funciones... Los vamos dejando solos y, entonces sí, pero solo entonces, nos sustituyen.

sábado 22 de noviembre de 2008

Contexto de editores: Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial


El Ministerio de Cultura de España ha dado a siete editoriales independientes el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial por su proyecto Contexto de editores, del que dimos cuenta, cuando se presentó, en este mismo blog.

¿Razones por la que se lo han dado? Pues, en palabras del jurado, por «su irrupción innovadora en el panorama editorial, que desde la iniciativa individual y desde distintos puntos de España, han sabido vincular edición, distribución y librería en torno al proyecto Contexto».

Las editoriales son Libros del Asteroide, Barataria, Global Rhythm, Impedimenta, Nórdica, Periférica y Sexto Piso; y las cito como se citaron ellas en Contexto —así las cita también el Ministerio—, por orden alfabético (así que sepan ustedes que Libros del Asteroide se ordena por Asteroide, Libros de; quiten Editorial de algunas a las que están acostumbrados a anteponérselo, y que no les preocupe en exceso, por ahora al menos, si es Piso, Sexto o Sexto Piso, porque va igualmente la última), para no dar ni quitar a ninguna el protagonismo de este premio que precisamente parece querer premiar, o así lo interpreto yo tras leer las declaraciones del jurado, esta colaboración editorial entre diferentes pero iguales, que realmente supone una buena iniciativa y algo más que una suma: siete que se juntan en un proyecto que consigue respetar la autonomía y diversidad de todos y cada uno de ellos, a la par que crea una nueva manera de hacerse visibles, comunicarse con los lectores y bibliotecas, exponer sin intermediarios sus ideas y libros.

Les recuerdo que el Premi Llibreter 2008 ha sido para Botchan, de Natsume Soseki, publicado por Impedimenta. Y que El tercer policía de Flann O'Brien, en Nórdica Libros, quedó finalista del mismo premio en el 2007, que ganó Hace mil años que estoy aquí, de Marionila Venezia, en Gadir. Y en el 2006, fue el ganador fue El quinto en discordia de Robertson Davis, que editó Libros del Asteroide. Pero esto no es una carrera de premios y, en concreto, modalidad Premi Llibreter. Los cito solo como ejemplo de que estas editoriales, y otras que no están en Contexto —Libros del Zorro Rojo, Gadir, Minúscula, Acantilado, Melusina, y otras muchas que me dejo en el tintero— son hoy por hoy referentes para todos los lectores, libreros y gentes que tienen ganas de leer un buen libro o de venderlo. Más allá de los best-sellers que invaden tanto librerías como hipermercados, hay, si uno quiere, libros distintos, ya sea por su cuidada edición, por sus ilustraciones, por el rescate de textos o autores perdidos, por el descubrimiento de otros nuevos... En lo que todas estas editoriales coinciden parece ser que es en la clara vocación editorial del editor: ni un loco reloco incapaz de gestionar su empresa —empeño—, ni un simple fabrica-vende-todo obsesionado con producir y cobrar. Hay un editor sensible (hay, por supuesto, distintas sensibilidades; menos mal) que escoge y selecciona, que persigue una labor editorial y no solo un producto, que arriesga, que sabe mantener los pies en el suelo también, que cuida de que la parte antipática del dinero no haga que sus sueños se vayan al garete.

¿Por qué, entonces, entre tantas editoriales, estas siete? Por su proyecto. En él comparten esta visión editorial. Y hacen que nosotros también podamos compartirla. Si algo se les puede decir ahora es: enhorabuena. Adelante. Que no se quede el proyecto en agua de borrajas.

 
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