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lunes, 29 de octubre de 2007

Regalos que recibimos de niños

Yo escuché y escucho Fulgor y muerte de Joaquín Murieta, del chileno Pablo Neruda, en las voces de la argentina Olga Manzano y del uruguayo Manuel Picón y algunos más. De hecho, lo creí canción en vez de teatro en verso, y solo al crecer supe que la música había sido posterior.

A veces la poesía llega por caminos mágicos, con acentos propios que ya para siempre se unen al poema. De pequeña, este regalo hizo que yo jamás caiga en el grosero error de considerar rima asonante ...Teresa y ...cereza.

Aquí, sin música, lástima, les dejo las dos primeras canciones: el nacimiento de Joaquín Murieta (o Murrieta), el diálogo con Teresa. Disfruten. Si saben la música, canten. Pablo Neruda estaría contento de que cantaran cuando cantaron ellos: Pinochet en Chile, Franco en España; pero la música y la poesía se oían por encima, y hoy permanecen.


FULGOR Y MUERTE DE JOAQUÍN MURIETA
Pablo Neruda
Interpretado por Olga Manzano y Manuel Picón



Nacimiento de Murieta


Esta es la larga historia de un hombre encendido,
natural,
valeroso.
Su memoria
es un hacha de guerra.


Es tiempo de abrir el reposo,
el sepulcro del claro bandido
y romper el olvido oxidado
que ahora lo entierra.


La sangre caída
le puso en las manos
un rayo violento.
Tal vez aquel hombre
no halló su camino
perdido en el viento.
Honorable bandido,
Joaquín Murieta.
Venganza de hierro,
de llama y piedra.


Aquí, entre perales y teja y lluvia,
brillaban las uvas chilenas
y como una copa de plata que llena la noche sombría de pálido vino
la luna de Chile crecía entre boldos, maitenes, albahaca y rocío.


Entonces, nacía a la luz del planeta
un infante moreno
y en la sombra serena
ese rayo que nace se llama Murieta.


Es un niño chileno
color de aceituna
y sus ojos ignoran el llanto


Creciendo a la sombra de sauces flexibles,
nadaba en los ríos,
ardía en el brío,
educaba los brazos,
el alma,
los ojos
y se oían cantar las espuelas
cuando desde el fondo del otoño rojo
bajaba al galope en su yegua de estaño


Venía de la cordillera de piedras hirsutas,
de cebos huraños,
de viento inhumano
traía en las manos el golpe aledaño
del río que hostiga
y divide en la nieve;
y lo traspasaba ese libre albedrío,
la virtud salvaje,
que toca la frente
y sella con ira, limpieza y orgullo
las graves cabezas
de los indomables
que guarda el destino en actas de fuego,
de fuego y pureza;
así el elegido no sabe que debe morir en la empresa,
matar y morir,
morir en la empresa.
¡Matar y morir!
¡Morir en la empresa!
Matar y morir.
Morir en la empresa.




Diálogo con Teresa


Joaquín
Todo lo que me has dado ya era mío
y a ti mi libre condición someto.
Soy un hombre sin pan ni poderío,
sólo tengo un cuchillo y mi esqueleto;
crecí sin rumbo, fui mi propio dueño,
y comienzo a saber que he sido tuyo
desde que comencé con este sueño,
antes no fui sino un montón de orgullo.


Teresa
Soy campesina de Coihueco arriba,
llegué a la nada para conocerte,
te entregaré mi vida mientras viva
y cuando muera te daré mi muerte.


Joaquín
Tus brazos son como alhelíes
de Carampanga y por tu boca huraña
me llama el avellano y los raulíes,
tu pelo tiene olor a las montañas.
Acuéstate otra vez a mi costado
como el agua del estero puro y frío
y dejarás mi pecho perfumado
a madera con sol y con rocío.


Teresa
¿Es verdad que el amor quema y separa?
¿Es verdad que se apaga con un beso?


Joaquín con coro
Preguntar al amor es cosa rara,
es preguntar cerezas al cerezo.
Yo conocí los trigos de Rancagua
Viví como una higuera en Melipilla
Cuanto conozco lo aprendí del agua,
del viento y de las cosas más sencillas.
Por eso a ti sin aprender la ciencia
te vi y te amé y te amo bien amada.
Tú has sido, amor, mi única impaciencia.
Antes de ti, no quise tener nada.
Tú has sido, amor, mi única impaciencia.
Antes de ti, no quise tener nada.



Joaquín
Ahora quiero el oro para el muro
que debe defender a tu belleza.
Por ti será dorado y será duro
mi corazón como una fortaleza,
mi corazón como una fortaleza.


Teresa
Sólo quiero el baluarte de tu altura,
sólo quiero el oro de tu arado,
sólo la protección de tu ternura;
mi amor es un castillo delicado
y mi alma tiene en ti sus armaduras,
la resguarda tu amor enamorado.


Joaquín
Me gusta oír tu voz que corre pura
como la voz del agua en movimiento.
Y ahora sólo tú y la noche oscura;
dame un beso, mi amor, estoy contento,
beso a mi tierra cuando a ti te beso,
beso a mi tierra cuando a ti te beso.


Teresa
¿Volveremos a nuestra patria dura
alguna vez?


Joaquín
El oro es el regreso.

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2 comentarios:

Gonzalo dijo...

Grosero error de creer asonante
la rima de Teresa y de cereza...


Son endecasílabos bonitos, Ana. Me han sonado a música y quizá era eso, como un principio de Moby Dick que convence a unos y enrabieta a otros: "Pongamos que me llamo Ismahel".

Cordialmente,

Gonzalo

Ana Lorenzo dijo...

A mí me gusta ese principio de Moby Dick también.
Gonzalo, ¿cómo no ibas a sacar de una frase dos endecasílabos, si eres poeta? De los poetas que tienen la poesía en el bolsillo, bien a mano.
Gracias por pasarte.
Un beso.

 
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